¿Qué pasa si solo inviertes al tipo de interés a corto plazo?
En los artículos anteriores vimos qué ocurre cuando invertimos 50 USD al mes en el S&P 500 incluyendo dividendos reinvertidos.
El resultado tras 40 años fue muy significativo.
Ahora vamos a hacer un ejercicio diferente.
¿Qué habría pasado si esos mismos 50 USD mensuales se hubieran invertido siempre al tipo de interés a corto plazo, acumulando intereses mes a mes?
Cómo hemos hecho el cálculo
Para realizar este ejercicio hemos utilizado el tipo histórico de las Treasury Bills estadounidenses (letras del Tesoro a corto plazo).
El supuesto es el siguiente:
Inversión de 50 USD cada mes
Desde enero de 1986 hasta diciembre de 2025
Rentabilidad equivalente al tipo de las Treasury Bills en cada momento
Intereses capitalizados mensualmente
Reinversión continua durante 40 años
Es un escenario teórico.
En la práctica, un inversor no puede invertir cada mes exactamente al tipo medio histórico de las Treasury Bills sin fricciones ni variaciones. Pero el ejercicio nos permite aproximar lo que ocurre cuando el dinero se mantiene en instrumentos monetarios ligados a tipos de interés a corto plazo.
El resultado tras 40 años
Después de 40 años:
Capital final nominal: 39.663 USD
Capital equivalente en dólares de 1985: 13.371 USD
Rentabilidad anual compuesta aproximada: 2,36 % anual
Durante ese periodo se habrían aportado 24.000 USD.
El capital crece, pero lo hace lentamente.
Y aquí aparece un punto muy importante:
Esa rentabilidad media del 2,36 % anual ha sido inferior a la inflación media del periodo.
Eso significa que, en términos reales, el poder adquisitivo final no solo no se multiplica, sino que se reduce.
En otras palabras:
Has ahorrado durante 40 años.
Pero en términos de capacidad de compra, prácticamente no has avanzado.
Comparación con la bolsa
Recordemos el resultado invirtiendo esos mismos 50 USD mensuales en el S&P 500 Total Return:
Capital final: 368.536 USD
Rentabilidad anual compuesta: aproximadamente 11,5 %
La diferencia final es enorme.
Pero lo más interesante no es solo el resultado final.
Durante más de 20 años la diferencia fue pequeña
Hasta principios de 2009, tras más de dos décadas invirtiendo cada mes, la distancia entre ambas estrategias no parecía espectacular.
En febrero de 2009, después de 23 años, la diferencia entre ambas carteras era de apenas:
3.562 USD
Es decir, después de más de 20 años de disciplina y aportaciones constantes, la ventaja de la bolsa parecía modesta.
Esto es clave desde el punto de vista psicológico.
Durante muchos años puede parecer que asumir más riesgo no marca tanta diferencia.
El efecto exponencial aparece después
A partir de 2009 el crecimiento de la bolsa se acelera con fuerza.
Y ahí es donde el interés compuesto empieza a actuar sobre un capital ya acumulado.
La diferencia final entre ambas estrategias termina siendo aproximadamente:
328.000 USD
No porque al principio hubiera una ventaja enorme.
Sino porque crecer al 11 % sobre una base cada vez mayor genera un efecto acumulativo que se vuelve exponencial.
El crecimiento no es lineal.
Es acumulativo.
Y cuando el tiempo es suficiente, la diferencia se amplifica.
Reflexión final
Este ejercicio no pretende afirmar que el futuro vaya a replicar exactamente los últimos 40 años.
Los tipos de interés pueden ser distintos.
Las rentabilidades de la bolsa pueden ser distintas.
Pero sí muestra algo fundamental:
La diferencia entre crecer al 2–3 % y crecer al 10–11 % durante 40 años no es pequeña.
Es abismal.
Ahorrar es el primer paso.
Pero si el crecimiento no supera la inflación, el esfuerzo puede no traducirse en una mejora real del poder adquisitivo.
A largo plazo, el crecimiento es lo que realmente transforma el resultado.
Este artículo forma parte de la guía “Ahorro, tiempo y crecimiento”.
Puedes verla aquí.